miércoles, 16 de febrero de 2011

Terrorismo incendiario


No paro de darle vueltas a la cifra, trágica y vergonzante, publicada en algún medio de comunicación. De cada cien incendios que se producen en España, noventa son incendios provocados por la actividad humana. Además, se dice, de ese noventa por ciento, aproximadamente el sesenta y ocho por ciento  son incendios provocados de forma intencionada, y otro veinte por ciento se deben directamente a imprudencias humanas. El restante doce por ciento es también por nuestra causa, pero se trata de causas desconocidas.

Hasta ahí las cifras. Sin duda elocuentes, por lo que no precisarían de más comentarios, aunque no me resisto a valorarlas.

Creo que, además de una tragedia colectiva  y una auténtica vergüenza para España, estamos ante un reto para las generaciones de personas que ahora vivimos aquí, que perderemos  todo respeto y credibilidad si no somos capaces de atajar de forma eficaz esta catástrofe, preservando nuestra naturaleza.

Sin embargo este año no va bien. Puede ser el peor de la década. Hasta ayer, más de 10.000 incendios han arrasado casi 120.000 Hectáreas; 29 graves con casi 70.000 Hectáreas quemadas; 11 personas fallecidas; decenas de pueblos afectados; miles de evacuados. Muerte y destrucción de parajes y ecosistemas irremplazables. Auténtico terrorismo – así de claro y rotundo- contra el medio ambiente. Algo  pasa cuando arde el monte por culpa directa de la actividad  humana en noventa de cada cien ocasiones.

Exigencias urgentes y sencillas: Amar y respetar la naturaleza, recoger nuestros desperdicios, no hacer fuego ni quemar rastrojos, limpiar los montes, cuidarlos y denunciar , despreciar y castigar a quienes no los respeten. Sí, denunciar y castigar ¿Por qué no voy a atreverme a decir esto cuando, por ejemplo, hay quien pretende criminalizarme por bajarme alguna película de Internet, o por circular a ciento sesenta por una autopista? Pues yo desprecio y llamo terroristas a los que destruyen o no respetan la naturaleza. Y me digo que cada uno de nosotros nos convertirnos en unos auténticos cabrones terroristas medioambientales cuando tiramos restos, nos despistamos o hacemos cualquiera de las cosas que cada día provocan que se nos queme el monte.

Cuando veo un fuego me dan ganas de llorar. Cuando pienso en cómo los provocamos me avergüenza ser humano.

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